Sábado 30 de Agosto de 2008
Siútico
RODRIGO PINTO
"Hay palabras que son como balas" es la primera frase de Siútico. La misma comparación puede aplicarse al libro completo, un proyectil letal dirigido al corazón de la estructura social de Chile, a sus debilidades, a su carácter segregacionista, a la enormidad de subentendidos que, sin embargo, funcionan como un artefacto de precisión y ordenan las relaciones sociales con un rigor digno de mejor causa. Es un libro peligroso, porque mira a través de la espesa malla de prejuicios e ideas recibidas que forman una imagen dulzona y profundamente falsa sobre el país; un libro que rastrea en la historia y en la sociedad contemporánea la infinita variedad de maneras en que operan la exclusión, la segregación, el ninguneo; un libro que corta como un escalpelo los firmes estratos de la pirámide social, una pirámide de solidez, firmeza y perdurabilidad comparables a las del antiguo Egipto.
"Arribismo, abajismo y vida social en Chile", dice el subtítulo, y el libro cumple ampliamente con las expectativas que crea aquella frase. A caballo entre el ensayo y la crónica, entre la historia y el periodismo, el texto de Óscar Contardo se nutre tanto de fuentes escritas (literatura, historia, periodismo) como de fuentes orales, a través de citas de entrevistas, y de su propia trayectoria como ciudadano de un país segregado. Hay frases divertidas y estadísticas impresionantes; situaciones graciosas y otras de una pasmosa crueldad; hay mitos urbanos y firmes realidades, todo ello hilado en un relato que fluye con facilidad, con un estilo muy personal que manifiesta el oficio y el talento del autor. No hay que buscar, sin embargo, otro texto burlón que se escribe desde una posición de superioridad, ni un catálogo de lo que hay que hacer para no pasar por siútico o por arribista, o una herramienta para desenmascararlos. Tiene, en algún sentido, valor taxonómico, tal como lo mostró el autor en la edición anterior de esta revista, pero es la faceta más superficial del libro; una puerta de entrada, si se quiere, que puede conducir a cuestiones mucho más relevantes, y también más inquietantes, para quien quiera verlas. El mayor interés de Siútico radica aquí, en su capacidad analítica, en el cuadro que traza a partir de coordenadas lingüísticas, de leyendas urbanas, de gestos casi imperceptibles: el retrato implacable de una sociedad obsesionada por los siúticos y celosa hasta el extremo de mantener intactas las barreras que separan a los grupos con mayor eficacia que un muro o un foso. Y por ahí también da pistas para entender mejor cómo funcionan otras grandes fuentes de desigualdad -la educación, por ejemplo, o las diferencias salariales, o el acceso a puestos de dirección-, cuando cuestiones tan sutiles y aparentemente insignificantes pueden ser tan decisivas a la hora de mostrar un currículo.
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